Puede parecer que estamos a punto de descubrir vida extraterrestre. En 2025, un comunicado de prensa afirmó que tenemos los "
indicios más sólidos hasta la fecha" de vida extraterrestre en el exoplaneta K2-18b.
Y al hablar de una muestra recogida de una roca llamada "Cheyava Falls" en Marte, el administrador de la NASA, Sean Duffy, dijo que era "lo
más cerca que hemos estado" de descubrir vida en el planeta rojo.
Esos momentos despiertan la imaginación. Pero también plantean una pregunta importante: ¿qué piensa realmente la mayoría de los científicos?
Sorprendentemente, normalmente no lo sabemos.
Cuando una controversia o un descubrimiento científico acapara los titulares, los responsables de prensa y los periodistas suelen citar a un puñado de expertos. Si bien estas opiniones pueden ser esclarecedoras, rara vez reflejan la postura de la comunidad científica en general.
Sin embargo, los debates públicos suelen recurrir a frases como "la ciencia dice" o "los científicos creen", como si existiera una respuesta clara y cuantificable.
En realidad, a menudo faltan pruebas sistemáticas sobre la opinión científica. Mis colegas y yo intentamos recientemente cambiar eso en el ámbito de la astrobiología.
Poco después de los dos anuncios más importantes sobre la posible existencia de vida extraterrestre en 2025,
encuestamos a astrobiólogos para comprender cómo se distribuía el juicio de los expertos en este campo.
El primer caso se refería al exoplaneta K2-18b. En abril de 2025,
los investigadores informaron sobre posibles rastros de moléculas llamadas dimetilsulfuro y/o dimetildisulfuro. En la Tierra, estas moléculas están asociadas con la actividad biológica.
La cobertura mediática fue extensa, y muchos informes presentaron el hallazgo como un avance extraordinario en la búsqueda de vida extraterrestre.
El segundo caso se produjo en septiembre, cuando
la NASA anunció que las cataratas de Cheyava parecían conservar una posible biofirma: las llamadas "manchas de leopardo", que son anillos minerales que en la Tierra suelen formarse por la actividad microbiana.
Una vez más, los titulares y los propios funcionarios de la NASA sugerían que se trataba de algo trascendental.
Lo que realmente pensaban los científicos
Encuestamos a cientos de astrobiólogos de toda la comunidad científica mundial, a los pocos días de cada anuncio. Les hicimos una pregunta sencilla: ¿creían los científicos que probablemente se había encontrado vida extraterrestre?
Los resultados revelaron un panorama bastante cauteloso. En el caso de K2-18b, solo el 6,6 % de los astrobiólogos encuestados coincidió en que los científicos probablemente habían encontrado vida extraterrestre. Casi dos tercios discreparon, mientras que el 28,0 % se mantuvo neutral.
En el caso de Marte, la confianza era mayor, pero aún cautelosa: el 15,1% estaba de acuerdo, el desacuerdo descendió al 44,6% y la neutralidad aumentó al 40,3%.
Sin embargo, fijarse únicamente en los puntos de acuerdo y desacuerdo deja de lado una parte importante de la historia.
La proporción de astrobiólogos que mostraron un fuerte desacuerdo disminuyó drásticamente, pasando del 35,1% en el caso de K2-18b a tan solo el 11,1% en el de Marte.
Por lo tanto, gran parte del movimiento no fue de rechazo a respaldo, sino de un rechazo rotundo hacia posturas más tentativas.
En otras palabras, la opinión de los expertos evolucionó de forma estructurada. El cambio de K2-18b a Marte no fue un simple paso del "no" al "sí". En cambio, la comunidad se mostró más receptiva a la posibilidad sin aceptarla de plano.
Una posible razón es que los dos casos implicaban diferentes tipos de pruebas.
La afirmación sobre el K2-18b se basaba en posibles señales atmosféricas detectadas desde distancias interestelares, mientras que el caso marciano se refería a una roca que podía estudiarse directamente y con mucho mayor detalle.
A menudo, el desafío no reside en imaginar cómo la vida podría producir una señal, sino en comprender todas las formas en que la naturaleza podría producir algo similar sin la presencia de la vida.
La opinión científica rara vez es binaria. El debate público suele tratar la ciencia como si las comunidades estuvieran de acuerdo o en desacuerdo.
Pero la distribución de las opiniones también importa. Un fuerte acuerdo, un acuerdo, la neutralidad, el desacuerdo y un fuerte desacuerdo pueden revelarnos información diferente sobre cómo una comunidad científica está respondiendo a una afirmación.
Una respuesta neutral generalizada puede indicar varias cosas. Los científicos podrían considerar que la evidencia es realmente inconclusa. Podrían tener un nivel de confianza intermedio. O podrían considerar que una afirmación es demasiado especulativa como para respaldarla o rechazarla de forma decisiva.
Del mismo modo, el paso de un fuerte desacuerdo a un desacuerdo moderado puede indicar una atenuación de las actitudes, incluso cuando el desacuerdo general sigue siendo elevado.
Tratar la opinión científica simplemente como "a favor" o "en contra" conlleva el riesgo de desdibujar estas importantes distinciones.
Más allá de la vida extraterrestre
La lección más amplia va mucho más allá de la vida extraterrestre. En áreas como la ciencia del clima, las pandemias, la inteligencia artificial o la investigación médica, los debates públicos a menudo invocan el consenso científico.
A veces, realmente existe un fuerte consenso. Otras veces, no.
Pero a menudo carecemos de métodos sistemáticos para medir lo que realmente piensan los científicos, especialmente cuando la evidencia es incipiente o la incertidumbre persiste. En cambio, los debates se basan en gran medida en citas selectivas, opiniones personales o suposiciones sobre la opinión pública.
Están empezando a surgir iniciativas para hacerlo de forma más sistemática.
No pretendemos sustituir la evidencia con encuestas, ni considerar la opinión mayoritaria como la verdad absoluta. Nuestro objetivo es comprender mejor cómo responden las comunidades científicas ante la incertidumbre.
El conocimiento científico avanza a través de la incertidumbre, el desacuerdo y la revisión gradual. Si el debate público, y quizás la voluntad política, depende cada vez más de las afirmaciones sobre lo que piensan los científicos, deberíamos esforzarnos más por averiguarlo.

Peter Vickers, catedrático de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Durham.
Nuevos protocolos SETI para el posible descubrimiento de inteligencia extraterrestre
La Comisión SETI, con sede en la Academia Internacional de Astronáutica (IAA), ha presentado y ratificado oficialmente normas actualizadas para el manejo de posibles evidencias de inteligencia extraterrestre. Las nuevas directrices reemplazan los anteriores "Protocolos Posteriores a la Detección", cuya última revisión se realizó hace más de 15 años.
por Andreas Müller
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Imagen del símbolo: SETI. Fuente: Licencia Pixabay |
La revisión fue impulsada por un equipo internacional de expertos liderado por el astrofísico Profesor Michael Garrett de la Universidad de Manchester, quien también preside la Comisión IAA-SETI. El objetivo de la revisión es tener en cuenta las condiciones radicalmente diferentes de la comunicación científica moderna.
La nueva realidad mediática como detonante central
Según Garrett, el entorno en el que se publican los descubrimientos científicos ha cambiado radicalmente desde 2010. Hoy en día, hay que tener en cuenta las redes sociales, el contenido generado por IA, la desinformación y un ciclo de noticias permanente de 24 horas.
En este contexto, un informe no confirmado sobre una posible señal tecnológica extraterrestre podría propagarse globalmente en cuestión de minutos, con consecuencias potencialmente graves para la sociedad, la política y la ciencia. Por consiguiente, las nuevas normas buscan garantizar que la calidad de las pruebas supere significativamente los estándares anteriores antes incluso de que se considere cualquier comunicación pública.
Concéntrese en los métodos SETI avanzados
Este campo también se ha desarrollado significativamente desde una perspectiva científica: las búsquedas modernas de SETI y de tecnofirmas ya no se limitan a las señales de radio clásicas, sino que abarcan todo el espectro electromagnético, así como enfoques novedosos como anomalías infrarrojas, emisiones láser o las llamadas señales multimensajero.
La Declaración de Principios revisada reconoce explícitamente esta expansión y establece un marco que considera diferentes tipos de firmas posibles. De este modo, la IAA responde a la investigación que utiliza cada vez más una gama más amplia de métodos tecnológicos y astrofísicos.
Requisitos de verificación estrictos
El principio fundamental de las nuevas directrices sigue siendo el mismo: «Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias». Antes de que un posible descubrimiento pueda hacerse público, debe ser verificado por instituciones independientes que utilicen diferentes instrumentos de medición.
Garrett hizo hincapié en que declarar prematuramente una "señal extraterrestre" no tiene justificación científica. Más bien, toda anomalía debe ser investigada y confirmada repetidamente por equipos independientes antes de que se pueda llegar a un consenso sobre la relevancia de la señal.
La nueva declaración también subraya una clara distinción entre datos veraces, interpretaciones erróneas, perturbaciones terrestres y desinformación dirigida.
Protección de los investigadores y gestión de riesgos
Otro aspecto de la reforma se refiere a la protección de los científicos involucrados. Las personas que participen en un descubrimiento revolucionario podrían convertirse cada vez más en blanco de la atención pública, interpretaciones erróneas, acoso en línea o el llamado doxing (la investigación, recopilación y publicación selectiva de datos personales en internet).
Por lo tanto, la IAA propone medidas de protección adicionales para salvaguardar a los equipos de investigación frente a la sobrecarga y el abuso en el espacio digital. Al mismo tiempo, subraya el peligro de que los rumores infundados puedan propagarse rápidamente en las redes sociales.
El principio de "no respuesta" sigue vigente
Un principio fundamental de la política SETI permanece inalterable: no se puede tomar ninguna medida unilateral en respuesta a una posible señal extraterrestre. Cualquier forma de respuesta activa en el espacio seguirá considerándose una decisión que afecta a toda la humanidad.
Según las nuevas directrices, dicha medida debería coordinarse a través de instituciones internacionales, en particular en el marco de las Naciones Unidas. El objetivo es evitar que actores individuales inicien unilateralmente contactos que podrían tener un gran alcance.
Perspectivas y mayor implementación
Las normas ratificadas se transmitirán ahora a otras organizaciones internacionales asociadas y, posteriormente, se presentarán ante las Naciones Unidas. Asimismo, está prevista una presentación técnica de las nuevas directrices en el próximo Congreso Internacional de Astronáutica que se celebrará en Turquía.
Bill Diamond, presidente del Instituto SETI, describió la revisión como un paso necesario a la luz de los avances tecnológicos y sociales de los últimos años. La investigación se ha expandido enormemente, mientras que, al mismo tiempo, la percepción pública se ha vuelto más frágil y más susceptible a la influencia.
Además, la IAA planea establecer un panel permanente posterior a la detección. Este panel será interdisciplinario e incluirá expertos en ética, derecho y ciencias sociales para monitorear el impacto social a largo plazo de un posible descubrimiento.
La nueva declaración deja claro que la búsqueda de inteligencia extraterrestre no es solo un desafío técnico, sino cada vez más también un desafío comunicativo y sociopolítico, con consecuencias potencialmente globales.
– El documento completo de la IAA titulado “Declaración de principios relativos a la realización de la búsqueda de inteligencia extraterrestre basada en la astronomía (SETI)” se puede consultar
AQUÍ.
Modificado por orbitaceromendoza